La aprobación de la Ley Orgánica 3/2022 de Ordenación e Integración de la Formación Profesional y del Real Decreto 659/2023 supuso un cambio profundo en el sistema de Formación Profesional en España.
La nueva normativa nació con un objetivo ambicioso: modernizar la FP, acercarla al tejido productivo y convertir la formación en empresa en un eje central del aprendizaje del alumnado.
Sin embargo, la implantación práctica del nuevo modelo está evidenciando una realidad incómoda: la Formación Profesional española avanza a distintas velocidades según la comunidad autónoma en la que trabaje el profesorado.
La descentralización educativa permite adaptar políticas a cada territorio, pero no debería traducirse en desigualdades laborales tan marcadas para quienes sostienen el sistema. Hoy, un docente de FP puede tener funciones idénticas a las de otro compañero en una comunidad distinta y, sin embargo, disponer de muchas menos horas de reducción, carecer de compensación económica o asumir una carga burocrática muy superior.
El tutor dual… o coordinador dual: misma función, distinto reconocimiento
El Real Decreto 659/2023 establece la figura del “tutor dual”, es decir, el profesorado encargado de coordinar la formación del alumnado en la empresa. Sus funciones son esenciales para el nuevo modelo de FP:
- Buscar empresas colaboradoras.
- Gestionar acuerdos y convenios.
- Coordinar la fase de formación en empresa.
- Realizar el seguimiento del alumnado.
- Mantener contacto permanente con tutores de empresa.
- Resolver incidencias.
- Supervisar la evaluación y la documentación asociada.
Sin embargo, algunas comunidades autónomas han optado por cambiar incluso la denominación de esta figura, sustituyendo “tutor dual” por “coordinador dual”. Más allá del cambio terminológico, el verdadero problema reside en las enormes diferencias en las condiciones laborales asociadas a este puesto.
Mientras algunas administraciones educativas reconocen la complejidad de estas funciones mediante reducciones horarias suficientes y complementos económicos específicos, otras apenas ofrecen tiempo material para desarrollar el trabajo, obligando al profesorado a asumir una carga burocrática desproporcionada.
«La calidad de la Formación Profesional depende, en gran medida, del trabajo diario de sus docentes.»
La burocracia se dispara
La nueva FP exige una relación constante con el tejido empresarial. Sobre el papel, este modelo fortalece la empleabilidad del alumnado y mejora la conexión entre centros educativos y empresas. En la práctica, ha multiplicado exponencialmente las tareas administrativas del profesorado.
La búsqueda de empresas se ha convertido en una auténtica carrera contrarreloj. Muchos docentes deben contactar con decenas de negocios para conseguir plazas formativas suficientes, especialmente en zonas rurales o sectores con escasa implantación empresarial.
A ello se suman:
- Elaboración de documentación.
- Tramitación de acuerdos de colaboración.
- Gestión de plataformas digitales.
- Seguimiento individualizado del alumnado.
- Coordinación con empresas.
- Resolución de incidencias legales y organizativas.
- Adaptación constante a instrucciones cambiantes.
El resultado es evidente: una sensación creciente de saturación y agotamiento entre el profesorado de FP.
Diferencias injustificables entre comunidades autónomas
Uno de los aspectos más preocupantes es la enorme disparidad territorial.
En algunas comunidades autónomas, los docentes encargados de la coordinación dual cuentan con varias horas lectivas de liberación semanal para desempeñar sus funciones. En otras, esas reducciones son claramente insuficientes y quedan muy por debajo de la media nacional.
La consecuencia es que muchos profesores terminan realizando tareas de coordinación fuera de su horario laboral, prolongando jornadas y acumulando trabajo administrativo imposible de asumir en el tiempo asignado.
La desigualdad también se refleja en el ámbito económico. Existen comunidades donde la figura del tutor o coordinador dual lleva asociada un complemento retributivo específico, reconociendo así la responsabilidad y la carga de trabajo adicional. En cambio, en otras autonomías no existe ningún tipo de compensación económica, pese a que las funciones son exactamente las mismas.
Esto genera una situación difícilmente justificable: docentes que realizan idéntico trabajo dentro del mismo sistema educativo estatal reciben condiciones laborales radicalmente distintas dependiendo únicamente de su comunidad autónoma.
Un modelo que corre el riesgo de sostenerse sobre el sobreesfuerzo docente
La implantación de la nueva FP no puede apoyarse exclusivamente en la buena voluntad del profesorado. Durante los últimos cursos, miles de docentes han sostenido el sistema gracias a un esfuerzo extraordinario, asumiendo tareas que exceden ampliamente sus funciones tradicionales.
Pero este modelo tiene límites.
La falta de homogeneidad entre comunidades autónomas está provocando:
- Sobrecarga laboral.
- Desmotivación.
- Dificultades para encontrar profesorado dispuesto a asumir coordinaciones duales.
- Incremento del malestar en los centros educativos.
- Riesgo de deterioro de la calidad de la formación en empresa.
La Formación Profesional necesita estabilidad, planificación y reconocimiento institucional. No puede depender del voluntarismo permanente de los equipos docentes.
Hacia una igualdad real en la FP española
La Ley Orgánica 3/2022 pretendía construir un sistema integrado y cohesionado de Formación Profesional. Sin embargo, esa cohesión difícilmente será posible mientras existan diferencias tan profundas en las condiciones laborales del profesorado.
Es necesario avanzar hacia unos mínimos comunes en todo el territorio nacional:
- Reconocimiento homogéneo de la figura del tutor o coordinador dual.
- Reducciones horarias suficientes y proporcionadas.
- Complementos económicos en todas las comunidades autónomas.
- Simplificación burocrática.
- Criterios comunes que garanticen igualdad laboral y educativa.
La calidad de la Formación Profesional depende, en gran medida, del trabajo diario de sus docentes. Si realmente se quiere consolidar el nuevo modelo dual, no basta con reformar leyes y decretos: es imprescindible dignificar y equilibrar las condiciones de quienes hacen posible su funcionamiento.
Porque la FP del futuro no puede construirse sobre desigualdades territoriales ni sobre la sobrecarga permanente del profesorado.


