Las actividades extraescolares son una parte esencial de la educación. Excursiones, viajes, visitas culturales o salidas deportivas permiten aprender fuera del aula y refuerzan la convivencia.
Sin embargo, también sitúan al profesorado ante una responsabilidad añadida: acompañar, vigilar y proteger a menores en entornos menos controlados que el centro escolar.
El docente tiene un deber de cuidado, pero no es responsable absoluto de cualquier accidente imprevisible.
En primer lugar, la responsabilidad civil, en caso de accidente, recae principalmente sobre el centro educativo y la Administración. La reclamación civil debe exigirse directamente a la Administración. Solo después, la Administración, si ha indemnizado, puede exigir responsabilidad al empleado público en el caso de que haya actuado con dolo, culpa o negligencia grave.
Puede haber responsabilidad penal si se produce un fallecimiento o una lesión severa, pero solo en el caso de imprudencia grave. La vía penal es excepcional, pero, en todo caso, si se abre un procedimiento judicial la Administración debe garantizar la defensa jurídica mediante abogado y procurador, en declaraciones policiales, judiciales o administrativas durante la fase de diligencias previas.
Además de esta cobertura jurídica, deben existir seguros específicos que cubran la responsabilidad civil y cualquier incidencia que pueda afectar al alumnado o al profesorado durante la actividad.
Por otro lado, los docentes no perciben una compensación económica específica, ni una reducción horaria posterior, ni tampoco un reconocimiento formal por el tiempo extraordinario que dedican a estas actividades.
La reivindicación de ANPE es clara: debe haber reconocimiento profesional y respaldo real por parte de la Administración en todas aquellas actividades extraescolares y viajes escolares en los que el profesorado asume una responsabilidad añadida fuera del aula y más allá de su jornada.
Cuando un centro organiza una salida con menores de edad, el principio rector debe ser siempre el interés superior del menor, pero cuidar del alumnado exige también cuidar de quienes lo acompañan.


