ANPE 628 Nov-Diciembre 2025

viernes, febrero 13, 2026
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Otoño de hojas perennes y promesas caducas

Las barre el viento, igual que barre las proclamas sobre estatuto docente, ratios más bajas, plantillas suficientes, revalorización de la profesión docente o incremento salarial. El calendario avanza y nosotros seguimos siendo las perennes hojas secas que solo recogen titulares caducos.

ANPE, sí, ese único sindicato exclusivo de la enseñanza pública al que algunos quieren confundirles la responsabilidad, profesionalidad, seriedad e independencia con sus ya consabidos vaivenes políticos y luchas espurias para con el profesorado, vuelve a levantar la voz, y no porque nos guste hacer ruido vacuo –preferimos el trabajo arduo pero constante de la gota que termina quebrando la piedra– sino porque ya ni siquiera nos dejan tiza para subrayar lo evidente: que la escuela pública se sostiene con milagros y con profesorado en estado de resistencia, mientras los despachos siguen con su gimnasia de sala, contorsionista de recortes, equilibrismo de “mejoras” que no llegan, o funambulismo de chistera para nuestros salarios.

En el Ministerio, en las consejerías, y también en los platós, se llenan la boca con “los resultados, inversiones…” mientras nos llenan a nosotros de papeles. Un informe, otro plan estratégico, una nueva app para que registremos hasta la última tutoría y cero horas extra para respirar. El profesorado de la enseñanza pública, ese al que se le pide innovación, empatía, resiliencia, competencias emocionales y ahora también malabares, está al borde del “burnout” mientras escucha promesas de “carrera profesional” que parecen el Camino de Santiago, largas, llenas de penitencias y, como recompensa, un certificado de lo andado.

Por si fuera poco, los informes internacionales vuelven a recordarnos que España invierte menos en educación que sus vecinos. Nada nuevo. Lo nuevo es la creatividad para maquillar las cifras, pues se cuenta como inversión el gasto en cables, pizarras digitales que no funcionan y plataformas que se cuelgan justo cuando más falta hacen. Y luego, claro, se pide al docente que sea “innovador” con su portátil personal, su tarifa y su tiempo robado a la familia.

Por eso, desde ANPE no vamos a disfrazar el otoño de primavera. No vamos a aplaudir anuncios que sólo suenan bien en X ni a tragar con discursos sobre “equidad” cuando se nos pide trabajar más con menos. La escuela pública no necesita más “marketing” ni más “planes estratégicos”. Necesita condiciones dignas, estabilidad y respeto.

Quizá en octubre la luz decline y los días se acorten. Quizá las hojas caigan y las promesas también. Pero hay algo que se acorta, la paciencia del docente, ya al límite. Y si no se cuida a quien sostiene la educación de este país, la próxima caída no será la de las de hojas, sino la de las ramas o los árboles y, entonces, a ver quién sostiene el bosque. 

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