A pesar del reciente aumento de los pluses económicos, el 40% de los centros que deben renovar su dirección este junio no encuentran voluntarios. El Departamento de Educación sigue sin entender que el problema no es solo de cartera, sino de condiciones de vida y de trabajo.
La situación de las direcciones en la escuela pública vasca ha pasado de ser una preocupación latente a una crisis abierta. Los datos son claros: el Departamento de Educación se enfrenta a un escenario en el que el 40% de los centros públicos que terminan mandato en junio carecen de docentes dispuestos a asumir las riendas voluntariamente.
Aunque la Administración se apresure a sacar pecho afirmando que el 87% de los colegios gozan de «equipos estables», la realidad tras esa cifra es mucho más amarga. La estabilidad no siempre nace del entusiasmo, sino de la responsabilidad de quienes, por no dejar a su centro en el caos, aceptan seguir bajo una presión que tachan de insoportable.
El «plus» del 30% no basta para comprar la salud de los docentes
El Departamento ha incrementado un 30% los incentivos económicos desde finales del 2024 para quienes den el paso de dirigir. Sin embargo, la respuesta del profesorado ha sido un portazo silencioso. ¿La razón? «El esfuerzo no compensa».
Desde ANPE llevamos años denunciando que no se puede pretender solucionar con un complemento salarial lo que es un fallo estructural de diseño. El docente que se plantea «ascender» a la dirección se encuentra con un panorama desolador:
- Burocracia asfixiante: El trabajo se ha convertido en una gestión interminable de papeles y plataformas que poco tiene que ver con la educación.
- Responsabilidad infinita: Se exige a una sola persona —o a un pequeño equipo— que sea gestor administrativo, experto en prevención, mediador de conflictos y líder pedagógico, todo a la vez.
- Escasos alicientes reales: Más allá de la vocación pura, no hay incentivos que mitiguen la pérdida de horas lectivas y el aumento masivo de la carga mental y horaria.
Basta de parches: Necesitamos un cambio de modelo
La realidad es que ya nadie quiere ser director. El desequilibrio entre la «mucha responsabilidad» y los «pocos incentivos» ha convertido la dirección escolar en un puesto de riesgo. No podemos permitir que la solución sea el nombramiento forzoso o el «voluntarismo heroico».
Para que el 40% de vacantes se cubra con ilusión y no por imposición, desde ANPE exigimos:
- Descarga administrativa real: Contratación de personal de gestión que libere a los docentes de la burocracia.
- Reconocimiento del tiempo: Reducciones de jornada que permitan dirigir sin sacrificar la vida personal.
- Apoyo institucional: Que la Administración Educativa actúe como respaldo y no como un fiscalizador que solo añade presión.
La Administración Educativa debe entenderlo de una vez: mientras dirigir un centro público sea sinónimo de quemarse profesionalmente, no habrá cheque que cubra las vacantes.
¡POR UNA DIRECCIÓN DIGNA Y UNA ESCUELA PÚBLICA BIEN GESTIONADA!


