Cada vez más docentes denuncian que la desigualdad de género no es solo una cuestión estadística, sino una realidad presente en las escuelas.
Los estereotipos aún arraigados y la falta de reconocimiento profesional provocan que las profesoras asuman más conflictos y sufran un mayor desgaste emocional. Este sesgo repercute directamente en la convivencia escolar y en el bienestar de todo el claustro.
Durante una jornada sobre políticas europeas de igualdad celebrada en Barcelona, varias docentes coincidieron en que las mujeres encuentran más obstáculos para ejercer autoridad en el aula. A menudo se las asocia con la paciencia o el cuidado, lo que hace que sus decisiones sean más cuestionadas y su labor más exigente. Esta “carga emocional e invisible”, señalan, apenas se contempla en la formación inicial del profesorado ni en los planes institucionales de convivencia.
Ante esta situación, ANPE reclama incorporar la perspectiva de género en los protocolos de los centros y reforzar la formación docente en igualdad y gestión emocional. El sindicato sostiene que la escuela debe ser un motor de transformación social y que resulta incoherente promover valores de equidad si el propio personal educativo trabaja en condiciones desiguales. Por ello, pide a las instituciones un reconocimiento real del problema y recursos específicos para abordarlo.
La organización sindical propone que los planes de igualdad sean obligatorios y cuenten con indicadores para evaluar su impacto en la convivencia y la salud emocional del profesorado. Promover la igualdad —insiste— no puede limitarse a los contenidos curriculares, sino que debe impregnar la organización de los centros y el día a día de quienes educan. ANPE concluye que las leyes son necesarias, pero solo tendrán sentido si se aplican de forma efectiva en las aulas y mejoran realmente las condiciones laborales y emocionales del personal docente.


