martes, noviembre 29, 2022
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Fábulas docentes: La cigarra y la hormiga

Qué bonitas las fábulas para niños, aquellas que antaño nos contaban nuestros abuelos, padres y maestros, en genérico, que la columna tiene un espacio limitado y no es lo mismo la cigarra que el cigarro. 

Por Saturnino Acosta García, Presidente de ANPE Cáceres

Una fábula, como ustedes saben y enseñan a sus respectivos alumnos, es una composición literaria protagonizada por animales con moraleja final casi siempre, pero también como diría Helena Beristáin, “crítica de las costumbres y de los vicios locales o nacionales, también de las características universales de la naturaleza humana en general”.

La fábula que hoy nos ocupa es bien conocida, adaptada por La Fontaine, pero originariamente de Esopo. Resumiendo, durante muchos veranos, una cigarra, sin intención de ponerse a trabajar, y bajo buena sombra, cantaba y cantaba continuamente observando a una trabajadora hormiga, trabajando arduamente para ir llevando comida a su hogar. Mientras la cigarra ofrecía cantar a la hormiga, ésta prefería seguir trabajando. 

Un año llegó un invierno frío sorprendiendo a la cigarra que desesperada al no poder llevar acudía a su vecina la hormiga pidiéndole ayuda. Sin embargo, ésta respondió que cantara y bailara ahora ya que cuando pudo no hizo nada para evitar esa situación.

La fábula como moraleja es clara: debemos esforzarnos y trabajar diariamente, mientras que cantar, bailar y la falta de actuación nos pueden salir caras, sin embargo, como decía Helena, la fábula también puede ser crítica, tanto de vicios, costumbres como de características. Esta fábula especialmente puede ser aplicada a infinidad de situaciones, estamentos y ámbitos, pero centrémonos en lo que nos ocupa, la docencia y los docentes.

Un sistema educativo, una enseñanza de calidad, un futuro posible y posibilitador no puede sobrevivir a base de cantos de cigarra, por muy alegre que sean sus letras y cautivadores sus bailes, una enseñanza de calidad necesita y nutre del trabajo diario, del esfuerzo y de la perseverancia de sus hormigas, las que están a pie de aula, las que sufren el trabajo duro y demasiadas veces sin sombra ni paraguas que los cobije. Un docente es una hormiga que sin descanso trabaja para procurar sustento a sus alumnos y que cada vez más, resignada observa como es el mensaje de la cigarra, la que realmente emulan sus pupilos, la de la intención más que la acción, laxitud más que esfuerzo. La hormiga sin embargo sufre, porque el invierno más duro siempre llega, y siempre es el mismo, cuando salgan de su fase de pupación y deban enfrentarse a la vida real, estudios superiores o mercado laboral.

Un sistema educativo, una enseñanza de calidad, un futuro posible y posibilitador no puede sobrevivir a base de cantos de cigarra

Cuando eso ocurra, y ahora viene la crítica, será la misma cigarra la que, como en la fábula, venga necesitada a volver a pedir sustento a la hormiga, sus docentes, multiplicando sus tareas y trabajo. 

Contrariamente a la fábula, nosotros, hormigas, no cerramos puertas, y si nos las cierran, abrimos ventanas, pero de seguir con esta inercia y política de rebajar contenidos, pasar de curso con asignaturas pendientes, exigir el esfuerzo en los recreos, restringir la autoridad académica de los docentes y limitar a la guarda y custodia nuestra profesión, llegará un momento donde ni las hormigas podamos trabajar para tanta cigarra.

Por otro lado, la misma fábula y la misma culpa podemos atribuirla a “aquellos” que aprovechando el trabajo de sus compañeros, cantan y bailan durante cuatro años si les gusta la sombra que les cobija, gritando más que trabajando cuando no, mientras otros simplemente, solo cantan como éxitos propios, el trabajo diario de los demás.

En fin, esperemos que el burro no toque la flauta y MUFACE no necesite de un canto de cigarra cada cuatro años, para desparecer, confíe más en sus amigas las hormigas.

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