ANPE 621 Enero-Febrero 2024

jueves, abril 18, 2024
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El futuro es ahora

En el tramo de los que hemos pasado el medio siglo pero no llegamos a sexagenarios estamos algo más del veintiocho por ciento. Ahora viene el grueso, ese tramo de entre cuarenta y cuarenta y nueve con un treinta y cinco por ciento de representatividad y el de treinta a treinta y nueve con un veintitrés por ciento.

Si traducimos todo esto a efecto de reposición, ateniéndonos sólo a la edad de jubilación voluntaria, en apenas diez años, habrá que renovar más de un tercio de nuestras plantillas actuales, pero es que otro tercio estará a las puertas de hacerlo.

Si pensaban que la consecuencia lógica de lo anteriormente mencionado es el envejecimiento de la población docente, pues no, ya que eso es obvio, es precisamente lo contrario, la oportunidad que a medio plazo se nos presenta para replantearnos seriamente una reforma no sólo de nuestro sistema educativo, de la profesión docente, incluso de la figura del propio docente.

Tenemos la oportunidad de aprender de ese casi cuarenta por ciento de docentes, de su experiencia y del saber acumulado para corregir aquello que desde los despachos y a saltos de mata, se pretende solucionar en el aula, sin haberla pisado. Tenemos la oportunidad de contar con otro treinta por ciento que  sabrán fusionar esa experiencia con nuestros retos presentes, y otro treinta que serán la futura piedra angular de nuestra educación con  mayúscula y del futuro de nuestra profesión.

“Si existiera algún momento idóneo para repensar nuestro sistema educativo, nuestra profesión y por tanto en el futuro de miles de jóvenes, es ahora”.

Si existiera algún momento idóneo para repensar nuestro sistema educativo, nuestra profesión y por tanto en el futuro de miles de jóvenes, es ahora. Y es ahora, no más tarde, cuando debemos hacer realidad ese Estatuto de la Función Pública Docente, desde el acceso a la jubilación, incluso si me apuran incluso diferenciar, de acuerdo con las universidades, el acceso a la docencia y el acceso a la función pública. Un Estatuto propia para todo el Estado, retribuciones, permisos, licencias, reglamentos, etcétera. El reconocimiento de la carrera profesional, horizontal y vertical.

 Los últimos estudios revelan datos realmente preocupantes. Más del treinta y cuatro por ciento del profesorado se siente en un estado parejo a la depresión a los que hay que sumar los que ya están diagnosticados. La exposición al acoso, el físico y el virtual a través de redes, el bajo reconocimiento social y económico, el aumento de faltas de respeto de alumnado y familias, la escalada de agresiones del último año, una burocracia asfixiante y mayoritariamente improductiva, o el constante cambio legislativo, obligan a regular nuestra profesión desde un marco estatal y común.

Los últimos remedios para mejorar el rendimiento de nuestro alumnado, siguen siendo tiritas para grandes heridas. Nuestro sistema educativo adolece de medidas estructurales, ratios excesivas, jornadas maratonianas, ausencia de recursos humanos y materiales, currículos distantes a la realidad y necesidades del alumnado, ausencia de autonomía real de organización y gestión de los centros o ausencia impropia de colaboración por el resto de administraciones para con la educación pública y obligatoria, todo ello obliga a una reforma educativa que al menos parta de un pacto de mínimos entre nuestros grupos políticos, pero esta vez, a ver si aprendemos de los errores, escuchando a esos docentes que se han pasado toda y media vida en las aulas, y a los que le quedan media y toda la vida para implementarla.

En fin, si todos esos esfuerzos extemporáneos y justificativos de cara a la galería, que son pan para hoy hambre para mañana, se dedicaran a todo lo anteriormente expuesto, no habría que poner parches a errores del pasado, estaríamos haciendo un futuro sin parches. 


Saturnino Acosta García
Presidente de ANPE Cáceres

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