ANPE 622 Mayo-Junio 2024

jueves, junio 13, 2024
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COVID y salud mental

La pandemia que vivimos acaba de poner de manifiesto, incluso de moda, todo lo referido a la salud mental de nuestros jóvenes y también de nosotros mismos. 

Por Julio Díaz Escolante,
presidente de ANPE Galicia

De hecho, permite que los temas relacionados con esta cuestión ocupen las primeras páginas de la mayoría de los medios de comunicación, siendo una constante las continuas disertaciones de buena parte de nuestros dirigentes que, de forma abierta y directa, tratan sobre la salud mental. Tenemos que reconocer que estos años de pandemia consiguieron más que todo el esfuerzo de décadas de luchas y reivindicaciones de los profesionales y de las familias de las personas afectadas. 

La salud mental de los chicos españoles de entre 15 y 19 años sufrió un violento revés en los últimos dos años y medio. Los problemas relacionados con la salud mental pasaron de un 9,5% en el año 2019 al 17,7% en el 2021. Hay que tener en cuenta que, antes de la crisis del COVID, en este sector de la población era donde menos se detectaba la idea de suicidio, pero ahora, por el contrario, encabeza el grupo que con mayor frecuencia posee este tipo de pensamiento suicida, pasando de un 5,5% en el 2019 al 12,3% en el 2021, en el grupo de edad de 15-19 años, y del 6,3% en el 2019 al 9,2% en el 2021, en el de 20 a 24 años. Estos datos son algunas de las conclusiones del Barómetro Juvenil de Salud y Bienestar de la Fundación Mutua Madrileña, realizado en España entre los jóvenes de 15 a 28 años. En este estudio se constata además la percepción que este grupo poblacional tiene respeto el empeoramiento de su salud física y metal en estos últimos años. Este hecho debe despertar en nosotros, los docentes, una alerta constante en la vigilancia de sus estados de ánimo. 

La pandemia visibilizó los retos a los que debemos enfrentarnos respecto a salud mental de nuestros alumnos

En estos últimos años el deterioro de la salud mental que, por diferentes motivos, ya estaban sufriendo nuestros jóvenes, fue de repente, incrementado y acentuado de una manera notable por la llegada del Covid-19. Pero ellos, además, se vieron afectados por graves aspectos colaterales a la propia pandemia como el cierre de sus centros educativos, el miedo al contagio, las constantes noticias sobre fallecimientos, las enfermedades
en el entorno familiar e incluso muertes, la imposibilidad de actividad física en el exterior
 Todo esto provocó un cambio sustancial en sus vidas: excesivo tiempo en la casa, muchas de ellas delante de la tele y de las “maquinitas”, siempre con el móvil en la mano, con una dependencia obsesiva de las redes sociales y casi nulo contacto con el exterior y con sus compañeros.

Durante el confinamiento desapareció, de hecho, el contacto directo con amigos, profesores, monitores deportivos, trabajadores sociales
 haciendo que el número de consultas de salud mental, de ingresos psiquiátricos, infantiles y juveniles, aumentaran de forma exponencial, acentuando y agravando los problemas que ya se sufrían antes del Covid-19.

Somos los propios docentes los que, a pesar de la escasa preparación recibida para detectarlos, observamos más ansiedad, depresión, agresividad, estrés y trastornos de conducta alimentaria en nuestros alumnos/as. Esto requiere una urgente intervención de las administraciones educativas para lograr un amplio y consensuado Plan de Salud Mental Escolar que minimice los devastadores efectos de la pandemia que volvió del revés el equilibrado, pero a la vez frágil puzle, que intentamos mantener en nuestros centros educativos en lo referente a salud mental y la convivencia de nuestros chicos. Es por tanto indispensable diseñar y ejecutar estrategias y programas basados en la prevención, evaluación e intervención en los trastornos mentales avanzados que los docentes observamos cómo se agudizan día a día de forma incesante y alarmante. 

La pandemia visibilizó los retos a los que debemos enfrentarnos respecto a salud mental de nuestros alumnos. Es imprescindible que adoptemos medidas y que establezcamos estrategias para proporcionar al alumnado un bienestar emocional adecuado que poco a poco borre las disfunciones que la pandemia generó.

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